Unos más, otros menos. Todos tenemos una capacidad de ahorro limitada. Ya sea porque nuestros ingresos son reducidos o porque nuestro costo de vida es muy alto. El ahorro tiene distintas funciones: financiar proyectos específicos, deseos personales, ser una fuente a la que echar mano en caso de emergencia y fondo previsional para la vejez. Generalmente, ese dinero que lograremos juntar con un ahorro permanente, nunca es suficiente en comparación a todas nuestras necesidades.
Sin embargo, todos los meses gastamos una suma considerable de dinero en vivir. Y buena parte de eso, se va en arriendos mensuales. Para los que ya han tenido la experiencia de arrendar una propiedad en Santiago, sabemos que los precios son muy altos y cada vez más. Por eso, si tienes una capacidad de ahorro aunque sea baja, lo más inteligente es lograr una cantidad que te permita invertir en la compra de una propiedad. De esa manera, todo lo que se “pierde” en vivienda en el mes a mes pasa de ser un gasto, a una capitalización. Es decir, estamos haciéndonos de un capital que en una cantidad de años será nuestro. Una forma de ahorro con rentabilidad y una tranquilidad para el futuro.