No es casualidad que en el mundo se esté instalando la tendencia. En algunos lugares los llaman personal shopper inmobiliario, en otros: asesor inmobiliario, buyer´s agent o property finder. La razón es que el mercado ha crecido muchísimo y la demanda también. Particularmente en Chile, los precios de las propiedades han subido violentamente durante la última década y los habitantes tenemos cada vez más necesidades. Por la forma en que se estructura el mercado, la ganancia para los actores de la industria se genera principalmente en la venta de la propiedad captada, a través del cobro de comisiones (a veces al vendedor y comprador, a veces solo a este último). Esta dinámica, ha incentivado que las oficinas de corretaje pongan su foco de negocio en la captación y venta, dejando bastante desprotegido al comprador. La mayoría de las corredoras le ofrecerán solo aquellas propiedades que tienen en catálogo y por las que podrán cobrar comisión, sin importar si ésta se ajusta realmente a las necesidades del cliente.
Muy por el contrario, el foco de esta asesoría es precisamente, trabajar en una búsqueda global con atención exclusiva a las necesidades del cliente-comprador para encontrar la oferta más favorable.
La mayoría de las personas buscan por su cuenta. Esto implica un desgaste emocional, dedicación, tiempo y errores que hacen el proceso mucho más agobiante de lo que podría ser. Desde el punto de vista financiero, el costo de una asesoría se sumará a otros costos operativos que, al incorporarse al total de la inversión, es marginal. Sobre todo, si consideramos que la rentabilidad sobre la inversión terminará siendo más alta al realizar una compra inteligente. Entonces lo fundamental es guiar al cliente en el proceso de la compra de una propiedad, para optimizar los recursos y hacer de la experiencia algo enriquecedor que se pueda disfrutar tanto como el futuro hogar.